Sobre la depurada técnica investigadora de un juez estrella.
Publicado: Mié 28 Sep 2005 8:48 pm
La sentencia contra `la célula española de Al Qaeda´ o cómo salvar la cara de una Justicia infectada de `garzonitis´
@Jesús Cacho
Miércoles, 28 de septiembre de 2005
Los medios de comunicación publicaron ayer amplias referencias a la sentencia de la Audiencia Nacional que el lunes condenó por delitos de terrorismo a 18 miembros y colaboradores de una supuesta célula española de Al Qaeda dirigida por Abu Dahdah, mientras absolvía a seis de los 24 imputados.
Vaya por delante que hemos asistido a un juicio público, 53 sesiones, grabado e incluso retransmitido en ocasiones en directo por cadenas como CNN o Al Yazyra. Un juicio, por tanto, sometido a estrecho escrutinio internacional, con luz y taquígrafos, lo cual obviamente ha influido en el tribunal presidido por el magistrado Gómez Bermúdez, presidente de la Sala de lo Penal de la AN, y ayuda a entender el sentido de la sentencia dictada.
Conviene recordar que se trata de un sumario que arranca del año 1994, cuando Osama Bin Laden era socio y aliado de los Estados Unidos, sobre la base de unas escuchas telefónicas que pide la Policía al juez Baltasar Garzón para investigar las actividades de unos árabes que se dedicaban a falsificar tarjetas de crédito y otros delitos contra la propiedad privada.
¿Y qué es lo que hace nuestro inmarcesible juez Garzón? Pues dar carrete a la Policía, según su acrisolada técnica, y dejar después pasar los años como el agua bajo los puentes, sin mover un papel. Bin Laden, en efecto, siguió siendo socio de los USA, nadie oyó jamás hablar de Al Qaeda, y el sumario prosiguió su siesta en los cajones de Garzón durante la década de los 90, hasta que llega 2000, y hasta que el 11 de septiembre de 2001 ocurre la terrible masacre de las Torres Gemelas de Nueva York.
Y es entonces cuando al genial Garzón se le ilumina la mente y se acuerda de que tiene muerto de risa un sumario sobre unos árabes raros, más choricetes que otra cosa, y que a lo mejor lo puede utilizar ahora, ya saben, antes muerta que sencilla, aquello era la mejor ocasión que vieron los siglos para lucirse ante el mundo como el juez-soldado universal capaz de desentrañar él solito las claves de la tragedia y hallar a los culpables... ¡Juez Campeador!
Porque de eso va esta historia. Y ahí es donde Garzón monta el gran show. Con alfileres cogido, como alas de mariposa montado. Por ejemplo, en el sumario figura un español musulmán, un tal Abrash Ghayoun, que resulta ser un tipo rico y que, cuatro años antes del 11-S, viaja a Nueva York a hacer turismo y graba un vídeo, como miles de turistas graban miles de vídeos, donde aparecen las Torres Gemelas entre otras muchas cosas. Y Garzón lo enchirona. ¡Ya tenía nuestro admirado juez la prueba del delito...!
Pero en el tráfago de esa vida de estrella de cine que lleva, nuestro juez no encontró 10 minutos para visionar el vídeo en cuestión, no pudo el hombre, tiene tanto viaje, tanta conferencia, tanta necesidad de arreglar el mundo pregonando la Doctrina Progresista que venden en chez Polanco, que no encontró un momento. Cuando el tribunal que juzgaba en la Casa de Campo por fin visionó el vídeo, el presidente Bermúdez ordenó de inmediato, casi las manos a la cabeza: “Este tío de inmediato a la calle...”.
¿Qué ha pasado? Que un sumario mal instruido, de acuerdo con la acrisolada técnica de la casa, con irregularidades tan flagrantes como escuchas telefónicas efectuadas sin mandato judicial, se ha hinchado mediática y emocionalmente -que no con diligencias, no con pruebas- hasta límites de la histeria, como consecuencia natural del bárbaro 11-S y de los actos terroristas ocurridos después.
De este monumental desajuste emocional, origen de las inusitadas expectativas generadas por este juicio, han pagado, hemos pagado todos los platos rotos, a excepción, quizá, del juez Garzón, un tipo que siempre cae de pie y que, como de costumbre, se llamará andana.
¿Qué es lo que podía hacer el tribunal ante este envenenado regalo garzonita? Pues tratar de salvar la cara institucional de una justicia, la española, sometida a escrutinio internacional, tan esquilmada ella, tan dolorida por la presencia de un puñado de jueces estrella víctimas de una enfermiza obsesión por la notoriedad.
De modo que Bermúdez y sus dos colegas han optado por una solución acomodaticia, caritativa con Garzón (a pesar de que le han dicho claramente que lo suyo ha sido una monumental chapuza), ergo poco justa (no se ha conseguido probar la conspiración en los atentados del 11-S, ni la pertenencia a Al Qaeda), en tanto en cuanto se condena en base a meros indicios, que no pruebas, tal vez en la idea de que esa sentencia va a ser casada por el Tribunal Supremo.
Porque una Justicia como la nuestra difícilmente podría haber soportado la absolución de los 24 imputados, en un caso artificialmente hinchado por el propio instructor español hasta despertar la expectación mundial. Buena parte de los seis acusados absueltos piensan pedir fuertes indemnizaciones al Estado por los perjuicios sufridos: ¿Le pasarán la cuenta al campeador Garzón?
SEGURO QUE COMO RECOMPENSA LE DAN UNA RAIMUNDA...
@Jesús Cacho
Miércoles, 28 de septiembre de 2005
Los medios de comunicación publicaron ayer amplias referencias a la sentencia de la Audiencia Nacional que el lunes condenó por delitos de terrorismo a 18 miembros y colaboradores de una supuesta célula española de Al Qaeda dirigida por Abu Dahdah, mientras absolvía a seis de los 24 imputados.
Vaya por delante que hemos asistido a un juicio público, 53 sesiones, grabado e incluso retransmitido en ocasiones en directo por cadenas como CNN o Al Yazyra. Un juicio, por tanto, sometido a estrecho escrutinio internacional, con luz y taquígrafos, lo cual obviamente ha influido en el tribunal presidido por el magistrado Gómez Bermúdez, presidente de la Sala de lo Penal de la AN, y ayuda a entender el sentido de la sentencia dictada.
Conviene recordar que se trata de un sumario que arranca del año 1994, cuando Osama Bin Laden era socio y aliado de los Estados Unidos, sobre la base de unas escuchas telefónicas que pide la Policía al juez Baltasar Garzón para investigar las actividades de unos árabes que se dedicaban a falsificar tarjetas de crédito y otros delitos contra la propiedad privada.
¿Y qué es lo que hace nuestro inmarcesible juez Garzón? Pues dar carrete a la Policía, según su acrisolada técnica, y dejar después pasar los años como el agua bajo los puentes, sin mover un papel. Bin Laden, en efecto, siguió siendo socio de los USA, nadie oyó jamás hablar de Al Qaeda, y el sumario prosiguió su siesta en los cajones de Garzón durante la década de los 90, hasta que llega 2000, y hasta que el 11 de septiembre de 2001 ocurre la terrible masacre de las Torres Gemelas de Nueva York.
Y es entonces cuando al genial Garzón se le ilumina la mente y se acuerda de que tiene muerto de risa un sumario sobre unos árabes raros, más choricetes que otra cosa, y que a lo mejor lo puede utilizar ahora, ya saben, antes muerta que sencilla, aquello era la mejor ocasión que vieron los siglos para lucirse ante el mundo como el juez-soldado universal capaz de desentrañar él solito las claves de la tragedia y hallar a los culpables... ¡Juez Campeador!
Porque de eso va esta historia. Y ahí es donde Garzón monta el gran show. Con alfileres cogido, como alas de mariposa montado. Por ejemplo, en el sumario figura un español musulmán, un tal Abrash Ghayoun, que resulta ser un tipo rico y que, cuatro años antes del 11-S, viaja a Nueva York a hacer turismo y graba un vídeo, como miles de turistas graban miles de vídeos, donde aparecen las Torres Gemelas entre otras muchas cosas. Y Garzón lo enchirona. ¡Ya tenía nuestro admirado juez la prueba del delito...!
Pero en el tráfago de esa vida de estrella de cine que lleva, nuestro juez no encontró 10 minutos para visionar el vídeo en cuestión, no pudo el hombre, tiene tanto viaje, tanta conferencia, tanta necesidad de arreglar el mundo pregonando la Doctrina Progresista que venden en chez Polanco, que no encontró un momento. Cuando el tribunal que juzgaba en la Casa de Campo por fin visionó el vídeo, el presidente Bermúdez ordenó de inmediato, casi las manos a la cabeza: “Este tío de inmediato a la calle...”.
¿Qué ha pasado? Que un sumario mal instruido, de acuerdo con la acrisolada técnica de la casa, con irregularidades tan flagrantes como escuchas telefónicas efectuadas sin mandato judicial, se ha hinchado mediática y emocionalmente -que no con diligencias, no con pruebas- hasta límites de la histeria, como consecuencia natural del bárbaro 11-S y de los actos terroristas ocurridos después.
De este monumental desajuste emocional, origen de las inusitadas expectativas generadas por este juicio, han pagado, hemos pagado todos los platos rotos, a excepción, quizá, del juez Garzón, un tipo que siempre cae de pie y que, como de costumbre, se llamará andana.
¿Qué es lo que podía hacer el tribunal ante este envenenado regalo garzonita? Pues tratar de salvar la cara institucional de una justicia, la española, sometida a escrutinio internacional, tan esquilmada ella, tan dolorida por la presencia de un puñado de jueces estrella víctimas de una enfermiza obsesión por la notoriedad.
De modo que Bermúdez y sus dos colegas han optado por una solución acomodaticia, caritativa con Garzón (a pesar de que le han dicho claramente que lo suyo ha sido una monumental chapuza), ergo poco justa (no se ha conseguido probar la conspiración en los atentados del 11-S, ni la pertenencia a Al Qaeda), en tanto en cuanto se condena en base a meros indicios, que no pruebas, tal vez en la idea de que esa sentencia va a ser casada por el Tribunal Supremo.
Porque una Justicia como la nuestra difícilmente podría haber soportado la absolución de los 24 imputados, en un caso artificialmente hinchado por el propio instructor español hasta despertar la expectación mundial. Buena parte de los seis acusados absueltos piensan pedir fuertes indemnizaciones al Estado por los perjuicios sufridos: ¿Le pasarán la cuenta al campeador Garzón?
SEGURO QUE COMO RECOMPENSA LE DAN UNA RAIMUNDA...